La importancia del “plan C”

Antes de hacer una sesión de fotos fuera del estudio, en una localización, es fundamental conocer el sitio de antemano, pasar por allí unos días antes de la fecha acordada, estudiar la luz que habrá a la hora de la sesión, dónde y a qué altura estará el sol, qué elementos del entorno podremos utilizar a nuestro favor y cuales tendremos que evitar, intentar anticiparnos a los problemas que puedan surgir y, muy importante, trazar un plan B y un plan C, por si todo falla…

Tomar esas precauciones nos facilitarán sin duda nuestro trabajo como fotógrafos y ayudarán a que la sesión transcurra sin sobresaltos y nos podamos centrar en el cliente y en las fotos, sabiendo que la situación está, en la medida de lo posible, bajo control.

Planificación, planificación y planificación. Cuantas menos cosas queden al azar, más fácil será salvar una situación difícil cuando nos demos cuenta de que algo no va según lo esperado…

Claro que todo eso es la teoría. En ocasiones las cosas ocurren de tal manera que no hay tiempo de planificar, ni de ver de antemano la localización, ni de trazar un plan B con un mínimo de garantías… Y sin embargo, así es la vida, y allá vamos, armados hasta los dientes con equipo fotográfico que seguro que no usaremos, pero “por si acaso”… Y de repente nos encontramos con el grupo Gordo Solar, en una azotea a pleno sol y rodeados de antenas parabólicas y de telefonía móvil.

Empieza la fiesta!

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En esta sesión, que nos sirve de muy buen ejemplo de porqué es necesario un plan C, el primer asunto con el que había que lidiar fue, como no, el sol. Después de varias semanas de cielos grises y luz tamizada (incluso pensamos que tendríamos que suspender la sesión por la lluvia), nos encontramos con un radiante día de Otoño, con el cielo azul y el sol bien brillante. Ideal para pasear por el campo, pero no tanto para hacer fotos en un lugar sin una sombra en la que refugiarse.

¿El resultado? Sombras muy duras y mucho contraste. El suelo recubierto de tela asfáltica plateada que reflejaba el sol a modo de espejo no ayudaba demasiado, aunque llegado el momento nos ofreció algo de luz de relleno “natural” haciendo de reflector. Como se suele decir, “si no puedes con ellos… únete”, así que optamos por no intentar luchar contra el sol, sino trabajar directamente con él, gafas de sol siempre puestas y utilizando los flashes para rellenar las sombras y reducir el contraste.

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Y aquí llegamos al segundo asunto problemático… Los disparadores remotos se negaban a funcionar correctamente en un sitio plagado de antenas de televisión y telefonía móvil, había tantas interferencias que los flashes o no se disparaban o lo hacían contínuamente a lo loco…

Plan B: TTL. Descartado, con el sol tan fuerte las células fotoeléctricas de los flashes no son fiables y el flash esclavo se disparaba aproximadamente un segundo depués del maestro.

Plan C: Cable. Así sí, el cable es dificil que falle si cuidamos los conectores, así que en esta ocasión al menos dispusimos de un flash, disparado a través de un paraguas translúcido blanco, cuyo reflejo podréis ver claramente en las gafas de sol (cosa que gustó a Santi, así que no intentamos evitarlo). El cable salvó la sesión aquella tarde, y desde entonces llevo unos cuantos metros de cable sincro en mi mochila, que no he tenido que volver a utilizar, pero que ya han demostrado con creces su valía… Por eso es necesario un plan C.

Podéis ver el resto de las fotos de esta sesión aquí.