Creciendo con el Maratón de los Cuentos

Estos días tenemos de nuevo en Guadalajara el Maratón de los Cuentos, como siempre en el Palacio del Infantado (donde lanzamos un montón de aviones de papel hace un tiempo) y, en mi opinión, uno de los eventos más importantes de la ciudad.

Desde siempre ha sido una cita importante para la Agrupación Fotográfica de Guadalajara, los fotógrafos cubren todo el maratón, tres días ininterrumpidos de cuentos, fotografiando a los narradores y en las actividades paralelas… Ha sido en muchas ocasiones, y así lo fue para mi, una especie de bautismo en el que nos embarcamos en un reto que no puede salir mal, tener al menos una buena foto de cada narrador en nuestro turno. Hay que cumplir, así que hay que hacerlo bien.

Siempre he preferido el turno de la noche del sábado, de 1 a 3 de la mañana. Cuando los cuentos empiezan a ser más elaborados, más emocionantes, más íntimos… Para mi la mejor hora, aunque con la dificultad extra de la falta de buena luz, o directamente de la falta de luz suficiente…

Los narradores que vienen al Maratón suelen repetir todos los años, y ya son como una gran familia, es un placer verles y fotografiarles año tras año. He pasado muchas noches mágicas en vela en el Infantado escuchando sus cuentos y, aunque algunas cosas han cambiado y este año no voy a estar como fotógrafo, no puedo dejar de pasar por el Infantado a oir algunas historias de Misterio…

Ayer estuve por allí y me hizo especial ilusión ver a la narradora de esta foto:

Tomé esta imagen en 2007, con apenas dos mil fotos en mi primera reflex, con el objetivo normalito que venía con la cámara y aún preocupado por si con la ISO a 1600 se podría hacer algo con las fotos que me había comprometido a sacar en mi primer Maratón… Ah, los viejos tiempos…

Recuerdo que en mi turno ella no contó un cuento, sino que cantó algo en una lengua que parecía nórdica y que seguramente nadie entendía allí… Y que no hacía falta entender, hemos oído muchos cuentos en lenguas extrañas en el Maratón y aún sin entenderlos logran transmitir sus historias de lugares lejanos.

Ayer fue emocionante verla de nuevo, un año más, porque esta vez traía consigo a su hija, una niña que bien podría tener hoy 5 años, y sobre la que quizá nos cantó aquella noche de verano…

Bienvenidas.